Pensé algunas veces en que iba a funcionar, en que seriamos uno, en que seriamos un gran equipo de enamorados, pero siempre fuimos dos, porque fue más grande tu orgullo y mi desesperación, que el amor, que las ganas, que el interés, fue más grande tu puta idea de ser independiente y fatal, que mis ganas de tenerte cerca en cada momento.

Me jodiste, me dejaste quererte, me dejaste quererte diciéndome que no lo hiciera, me prohibiste enamorarme, pero me besabas en silencio, me jodiste porque me invitaste a invitarte a quererme, me jodiste porque me retaste a quererte y ganaste, me jodiste porque perdí, perdí mi orgulloso record de no enamoramientos, me jodiste reputa jodida.

Ahora estoy lleno de estúpidas preguntas, de las cuales imagino tus elaboradas y diplomáticamente claras respuestas, fui víctima de tí, de tu frialdad, de tu tibieza, de tus ganas de experimentar, de tus consientes te quiero y de mis te amos camuflados.

Aprendo a vivir sin tu voz detrás del teléfono, sin la agonía de escucharte, solo vagando como solía hacerlo antes de empeñarme en atravesarte en mi vida, que hago con todas las tonterías que debía decirte, que hago con el imbécil romanticismo que tengo en la garganta y en las manos, dime donde pongo los regalos que soñé comprarte, explícame quien leerá estas notas, dime a quien odiaré con el odio visceral que sentía en tus ausencias.

Tengo todo calculado, entregar mis insomnios al alcohol y volver a escribir de política y de mi agnosticismo, tengo todo calculado, nunca más esperar la persona que quiera y buscar a la que me convenga (nose hacerlo).
Sin promesas, sin expectativas, sin verdades a medias, ni mentiras completas, así es mejor, sin creer completamente, pero sin dudar del todo, así es mejor.

Te llevas como pequeña victoria mi gran fracaso y me quedo con toda la mierda que siempre odie en los soñadores, descubrí el imbécil en mi mismo y se siente una putería, pero tiene efecto de narcótico, pues el remordimiento cuando sales de la nube, te tira a lo más profundo de la realidad estrellándote contra la verdad más cruda, la reciprocidad es un malparido estado utópico.

No tengo nada que agradecerte no seré diplomático pues no lo leerás esta sarta de pendejadas que te dediqué, alguna vez te pasará, estoy seguro y te lo deseo, te enamorarás de quien no te quiera y sentirás esta hijueputa sensación de vacio que siento hoy.